Memorias

Sin rodeos Clavijo, el bufón del reino

Con diferencia, los canarios sufrimos el peor presidente de Gobierno que ha asumido la jefatura de esta colonia. Y esta afirmación la avala, no sólo lo que a política interior se refiere con los paupérrimos indicadores laborales y sociales que se nos imponen, sino también y principalmente a la imagen que de los canarios Clavijo proyecta al exterior. Aquello de invitar a los empresarios extranjeros a invertir en las islas porque nuestros trabajadores cobran menos y trabajan más, merecería la mutilación lingual. Nada digamos entonces, de la actitud servil y humillante con la que Clavijo acompaña las visitas presidenciales a la monarquía o a la presidencia del Gobierno de España y que le han hecho merecedor del calificativo de "genuflexo".  Ahora, contra todo pronóstico, el presidente se supera a sí mismo y se despacha con un viaje al Líbano con gastos a cuenta del contribuyente para visitar a la tropa profesional de "canarios" allí desplazados, y no lo hace sólo para emular competencias del ministerio de Defensa que no le son propias, sino lo que es peor, como otro acto de ultraje a los canarios, lamiendo la bota del militarismo y el colonialismo español. Todo un modelo, con el que el pintor Velázquez hubiese podido inspirar cualquiera de sus  miserables  bufones. 

Francisco Javier Gonzalez 1990Francisco Javier González

Un viejo tamborero gomero de los que “cantan alantre”, portador de esa sabiduría ancestral que caracteriza a nuestros magos de verdad, los hijos de Magec, creó hace años un romance que tenía como pie estos versos:


La Gomera tuvo historia pero no se la escribieron.
La historia de La Gomera se mantiene en el silencio:
el motivo no lo sé, pero yo me paro y pienso:
pueblo que no tenga historia, para mí es un pueblo muerto. 

A ese pie del “Romance a La Gomera” basta cambiarle el ámbito geográfico. Es real isla a isla y real en el conjunto “Canarias tiene su historia pero no se la escribieron”. No somos un pueblo muerto y, aunque secuestrada, tenemos nuestra historia. Para mí es, justamente esa cuestión del secuestro de nuestra historia la más grave agresión que el colonialismo ha cometido con Canarias, secuestro mantenido desde la conquista española hasta hoy. Sekou Turé nos decía: Enterrar la memoria histórica de un pueblo es desarmarlo frente a la opresión, es enterrarlo a él mismo”. Por lo mismo, pienso que recuperar la memoria histórica es armar al pueblo frente a la opresión.

No se trata de que en nuestra patria no haya habido historiadores, de que no se haya escrito sobre nuestro pasado, nuestro presente y hasta sobre nuestro porvenir pero, como en cualquier otro lugar del mundo, la historia la escribe y patrocina la clase dominante como uno de los elementos fundamentales de la superestructura que permite el mantenimiento de esa dominación y del régimen de producción que impone. El estalinismo clásico planteaba que el cambio en estructura esto es, el cambio en el conjunto de las relaciones económicas existentes en una sociedad traería consigo forzosamente el cambio en la superestructura, o sea, en la cultura, las instituciones y la concepción del mundo. Creo, como Gramsci, que eso sería un determinismo mecánico demasiado simple porque la historia anterior no se olvida con solo un cambio del sistema económico y la evolución del llamado “socialismo real” en la ex Unión Soviética da la razón a Gramsci. De ahí la necesidad de los procesos de formación de conciencia y el papel a jugar por los intelectuales orgánicos, comprometidos con su clase, en la gestión y desarrollo de cualquier proceso revolucionario –y no hay proceso más revolucionario que la descolonización- sin olvidar que todos los hombres son intelectuales, porque como también nos aclaraba Gramsci no hay actividad humana de la cual se pueda excluir toda intervención intelectual, no se puede separar al homo faber del homo sapiens”, y que cada cual, sea cual sea su profesión o su nivel de formación es, a su forma, prosigue Gramsci, “un filósofo, un artista, un hombre de gusto, participa de una concepción del mundo, tiene una consciente línea moral” precisando su definición: “Por intelectuales es preciso entender no sólo aquellas capas comúnmente designadas con esta denominación, sino en general toda la masa social que ejerce funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción  intelectual, como en el de la cultura y en el político-administrativo”. El intelectual, el creador, está forzosamente ligado a una clase, es un intelectual orgánico al servicio de esa clase. No hay creación aséptica. No existe el “arte por el arte”. Se crea, quiérase o no, para cimentar la estructura existente o para transformarla y hay que elegir para que clase social se quiere crear, a que clase se pretende servir. Pienso que, como varias veces he expresado, el cambio cultural, el cambio en la superestructura, precede o es simultáneo al cambio en la estructura y, es por lo tanto, la tarea primordial del creador intelectual revolucionario, de todo el que pretenda modificar las condiciones en que su sociedad se desarrolla ¿Acaso no fue primero la Ilustración que la Revolución Francesa? ¿Qué fue primero, el libro o las bayonetas y la Comuna de París?

La historia burguesa, y mucho más cuando se trata de una burguesía que lleva el añadido de la dominación colonial, está cimentada en una serie de mitos que se repiten en el tiempo, se consagran a través de los textos escolares y se refuerzan cotidianamente mediante todos los medios que el poder tiene a su alcance. Destruir esos mitos es una ardua tarea sobre todo si se pretende no sustituir unos mitos por otros sino hacer aflorar la verdad que puede liberarnos y creo que esa es la tarea que ha emprendido mi amigo –y compañero en muchas luchas y fatigas ideológicas- Jaime Bethencourt con esta MEMORIA DE LA NACION CANARIA  que me ha hecho el honor de dejarme prologar. Conocí a Jaime hace ya bastantes años, cuando yo era un profesor del Instituto de Santa Cruz de La Palma que suplía con entusiasmo una escasa experiencia y él un alumno observador, perspicaz y algo díscolo, sumidos ambos en un sistema de enseñanza que reproducía el sistema político de la dictadura franquista en una sociedad anquilosada y temerosa. Años después nos reencontramos en La Laguna, en unos momentos en que se barruntaba la posibilidad de cambiar aquellas estructuras y en que la sociedad civil intentaba sacudirse la modorra en que el fascismo español la había sumido durante más de un cuarto de siglo. Juntos participamos en la mayor parte de las experiencias y luchas que convirtieron al independentismo de ser una utopía, liberadora pero sin horizonte real, en un actor fundamental de la vida política canaria.

   Ocuparía un espacio excesivo relatar desde los diferentes frentes político, sindical y cultural, la participación de Jaime Bethencourt, no exentos de embates judiciales y represivos,  en la reivindicación y la defensa de los derechos nacionales de Canarias, pero ellos nos indican que una buena parte de las memorias que en este libro se recogen destiladas lentamente, gota a gota, son, en realidad, memorias vividas en primera persona. A pesar de que algunas de esas experiencias fueron de las que dejan huella anímica profunda, Jaime, sin dejar de lado su alineamiento ideológico, ha procurado hacer un relato sereno, exento de dramatismo, que permita al lector ir añadiendo piezas al puzle de esa  de esa MEMORIA DE  LA NACION CANARIA recuperada que nos permitirá reencontrar nuestro lugar en la historia como pueblo libre, y que la editorial Le Canarien nos brinda en cuidada presentación.

Francisco Javier González

Aisha

 

Cambio climatico

  

Opinión

Los hechos

demuestran ...

Huelga 14 Nov 2012que la organización y unidad de los trabajadores, es la herramienta más efectiva para la protección de sus derechos y avanzar en su dignificación laboral y social. Todo los grandes retrocesos sufridos por los trabajadores han coincidido con su desmovilización y apatía, todos los grandes avances de la clase trabajadora han sido acompañados de procesos de unidad laboral y lucha sindical. La forma natural y más efectiva de concentración de fuerzas para que se nos respete está en los sindicatos como organizaciones de los trabajadores.