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Tomás Ramos copiaTomás Ramos

Recuerdos personales de una vergüenza de la transición modélica.

El 12 de diciembre de 1977...ahora se cumplen 40 años,... quien redacta estas líneas recordatorias residía en el Colegio Mayor Universitario San Fernando, situado frente a la puerta principal de la Universidad de La Laguna, como estudiante que era en dicho centro educativo. Ese día había amanecido tenso, lo cual, en aquellos tiempos, no era raro. Estaba convocada una huelga general en la isla de Tenerife por parte de algunos sindicatos y partidos que, en aquella España ya supuestamente democrática, seguían estando algunos sin legalizar. Eso, a pesar de que ya se habían celebrado elecciones generales y la huelga y las manifestaciones eran ya un derecho “constitucional”. Pero esa huelga general, en solidaridad con sectores laborales como transporte, tabaco, puertos, etc, que llevaban meses de conflicto, había sido declarada ilegal por la autoridad competente.

A primeras horas de la mañana salió una manifestación de estudiantes simpatizantes con dicha huelga desde el Campus, a lo largo de la Avenida Trinidad. Antes de llegar al final de ésta, ya hizo acto de presencia la Policía Antidisturbios, y comenzaron las carreras, los botes de humo, las pelotas de goma, el lanzamiento de piedras y las barricadas. También hicieron su aparición miembros de la Guardia Civil, unos con material antidisturbios, y otros sin ellos, pero sí con armas de fuego.

A lo largo de toda la mañana se sucedieron los enfrentamientos, que poco a poco fueron perdiendo intensidad, y se fueron desplazando cada vez más hacia el perímetro del campus universitario. A mediodía ya casi se había calmado la situación. Solo un hecho puntal había reavivado la tensión, en el punto concreto de la llamada Cruz de Piedra, por debajo del recinto universitario, cuando un camión cisterna de combustible se quedó inmovilizado al pincharse sus ruedas con los clavos que algunos manifestantes habían arrojado a la calzada. La policía custodió el vehículo hasta que pudo reanudar la marcha. Durante esos minutos se reanudaron los intercambios de piedras y pelotas de goma. Todos estos hechos, y los posteriores, los podíamos observar cientos de personas, entre las que me incluyo, desde nuestro lugar de residencia, fuera por las ventanas, desde las azoteas y balcones, etc.

Pasado el mediodía, ya todo el mundo tenía claro que los incidentes estaban finalizando. La policía antidisturbios comenzó a retirarse, los manifestantes eran ya bien pocos y volvían de la Cruz de Piedra hacia el edificio principal de la Universidad...En las escalinatas de éste quedaban una cincuentena de estudiantes que desde allí habían estado observando los hechos... y poco más. Los espectadores empezaban a dejar de estar pendientes de los sucesos...Solo quedaban a la vista desde el campus universitario un par de vehículos de la Guardia Civil, con un pequeño número de agentes, en la calle trasera a la Universidad. Pero, de repente, sucedió totalmente inesperado, terrible y, aparentemente, inexplicable. Otro vehículo policial, que venia desde la zona de Barrio Nuevo, subió por esa misma calle, paró unos minutos junto a los agentes de la Guardia Civil, charlaron brevemente y, como a una orden dada, una parte de ellos se lanzaron a correr hacia el interior del campus universitario, armas en mano, y disparando tiros y ráfagas en todas direcciones. El polvo de los impactos, que demostraba que era fuego real, no fogueo, y no precisamente al aire, se levantaba en las esquinas donde se refugiaban aterrorizados los grupos de estudiantes, también en las escalinatas de piedra y la fachada del edificio principal. Incluso en nuestra residencia universitaria llegaron varios proyectiles. Al frente de ese grupo de agentes iba uno con aspecto de mando, delgado, gorra de plato, que subió escaleras arriba disparando con una pistola hacia los últimos estudiantes que entraban en tropel por la puerta del edificio principal universitario. Uno de ellos entró ya cayendo...

Ahí no acabaron los disparos. Durante un cierto tiempo que soy incapaz de delimitar, pues no parecía real lo que estaba sucediendo, hubo más disparos espaciados hacia cualquier dirección donde intuían que alguien asomaba la cabeza. Uno de estos disparos, de un arma larga de gran potencia, entró por la ventana de nuestro Colegio Mayor, atravesó la pared de una habitación, luego el tabique del baño, quedando el proyectil aplastado en el suelo de éste último. Luego empezaron los gritos, terribles, que nos helaron el corazón, desde las puertas de la Universidad... “No disparen, hay un muerto, no disparen”... Y una mano portando un pañuelo blanco, apareció por la puerta entreabierta...

Un muerto, Javier Fernández Quesada. Además, dos heridos de bala: uno, que había recibido un proyectil en el hombro mientras estaba en una azotea a cientos de metros de los hechos, y un menor que se encontraba en el patio de un colegio, también a cierta distancia, y detrás de una pared. Por suerte para el menor, la bala perdió fuerza al atravesar el muro y penetró poco en su cuerpo. Por todos lados, casquillos de bala, que recogíamos como prueba de lo sucedido. Y señales de impactos, muchos impactos por todos lados ...normalmente a media altura con respecto a la estatura de una persona normal, lo cual mostraba el objetivo con que habían sido disparados. En los siguientes días, especialmente después de oír la fantasiosa y novelesca versión oficial de los hechos, algunos los remarcaron con tiza, para hacerlos más visibles, a veces con la frase de humor negro sarcástico “otro tiro al aire”.

Muchos de los que habíamos sido testigos de lo sucedido, en nuestra creencia en que los tiempos de la impunidad franquista habían terminado, en que ya había un parlamento elegido por la ciudadanía, en que, a pesar de que el partido gobernante era nacido de las entrañas del régimen anterior, éste no tenía mayoría absoluta... pues pensábamos que semejante barbaridad no iba a quedar así, impune. Éramos muchos los dispuestos a declarar lo que habíamos visto, eran demasiadas las pruebas evidentes de lo arbitrario, inmotivado, desproporcionado e intencionado de la balacera... No podrían taparlo, no podrían ocultarlo... Eso pensábamos... ¡¡¡Pobres imbéciles que éramos entonces!!!... Lo que iba a suceder en los próximos días, semanas y meses, nos iba a sacar de nuestros sueños, y mostrarnos el verdadero significado de una característica tenebrosa de las “seudodemocracias”, e incluso de las que afirman tener “pedigrí” de régimen parlamentario consolidado: ”la Razón de Estado”, “razón” ante la cual no hay derecho humano, judicatura, parlamentarismo que no agache la cabeza... salvo que una inmensa presión popular, organizada, lo evite. Y ese no iba a ser el caso...

Pero esa es otra historia, que ya contaré... Ahora toca reunirnos todos los testigos que podamos, en el lugar de los hechos, con las nuevas generaciones antifascistas. Compartir con quienes han investigado los hechos con seriedad, paciencia y sin desmayo, desmontar totalmente y de una vez por todas tanta mentira, hacer las reflexiones pertinentes y sacar las conclusiones oportunas en este hoy y ese mañana en el que fascismo subterráneo vuelve a sacar la patita de debajo de la alfombra de la “Transición Modélica” y la “Sagrada Constitución”.

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Día contra la violencia

a las mujeres

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Coincidiendo con el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, el pasado 25 de noviembre, se desarrollaron en toda la nación canaria, pero especialmente en las Palmas y La Laguna (Tenerife) por su gran número de asistentes, actos y manifestaciones de reivindicación contra la lacra de las agresiones de género. En la primera imagen correspondiente a Tenerife, el STEC-Intersindical Canaria centró su atención en la educación en la igualdad para combatir la violencia machista. En la segunda imagen de la marcha de la capital grancanaria, “Las mujeres de negro de Canarias”, prefirieron vincular la protesta a la agresión bélica mediante una pancarta que decía: “Ni mujeres, ni hombres, ni dinero para la guerra”

POBREZA

 

Franco por El Roto