Meri Pita 2

MERI PITA 

"Ni barriendo para casa se mejora nuestra tierra,// ni 'peliando' como perros por un cachito de pan". (Isa de todos. Braulio)

 

Nuestra tierra, como dice la isa de Braulio, es de todas. Ni hubo ni habrá nunca quien pueda arrogarse el mérito de representar sus intereses en exclusiva. Somos un pueblo marinero hermanado por nuestra diversidad. Un mojo social y cultural -si se prefiere- cuyos ingredientes persiguen un mismo anhelo: la construcción de un futuro de progreso y prosperidad para la mayoría.

Es posible que por eso haya crecido demoscópicamente, sobre todo en los últimos años, el número de paisanas y de paisanos que siente vergüenza -de la propia y de la ajena- al escuchar el discurso repetitivo y cargante de quienes se han creído que las Islas le pertenecen. Se trata de un hecho constatado estadísticamente. La gente de Canarias cada vez tarda menos en cambiar de radio, cliquear sobre la equis o apagar la televisión cuando escucha el sirinoque fingido con que algunos de nuestros cargos públicos hacen referencia al Archipiélago. Especialmente cuando hablamos de las cuentas del Estado, que, como cada año, muerden muchísimo menos de lo que ladran.

Ana Oramas, sin ir más lejos, convertida en una auténtica reina del melodrama, aseguraba en sede parlamentaria esta semana que si no fuera por los falsos nacionalistas no habría siquiera Presupuestos Generales. Y enunciaba como compensación al salvavidas que ha vuelto a lanzarle al Partido Popular para evitar que se ahogue en su propio mar de corrupción y autoritarismo una subida tramposa de las pensiones y un descuento de residentes que continuará sin poner coto al precio exorbitado de los billetes entre Canarias y el resto del Estado, además de continuar subvencionando los viajes en primera clase.

El final intrigante a esta pésima película de sobremesa lo puso el margullo generalizado que recorrió el hemiciclo cuando se atrevió a asegurar que el aumento de recursos que la mayoría de la Cámara ha decidido destinar a la lucha contra la violencia de género también era mérito suyo. No exagero si les digo que solo le faltó despedirse entonando aquello de "no llores por mí, La Laguna?"

De lo que no se acordó la líder metropolitana de ATI fue del millón de canarios y canarias que están en riesgo de pobreza y exclusión social. Ni ella ni tampoco la formación siamesa que gobierna al otro lado del Volcán de Enmedio. Me refiero a Nueva Canarias y a un Pedro Quevedo que, esta vez sin errores, ha optado por apoyar una ley presupuestaria tan progresista que destinará 42 millones al empleo en las Islas frente a los más de 300 que se llevarán las compañías aéreas, y que inyecta en carreteras otros 200 kilos mientras para luchar contra la pobreza solo destina seis.

Afortunadamente, es un hecho objetivo que, como pueblo, estamos abriendo los ojos a la misma velocidad a la que algunos políticos se les ha caído la sombrera. Por eso nos duelen cada día más las mentiras que amplifican determinados medios de comunicación, empeñados en instalar un mensaje totalmente incierto: la bondad de estos presupuestos para las Islas. Y yo me pregunto ¿bondad para quién? ¿Para la oligarquía que las gobierna tras perder unas elecciones tras otras? ¿Para quienes venden sus principios y a nuestra gente a cambio de un titular?

Pues no, aunque para los grandes fortunas y la pléyade de politicastros a su servicio, estas cuentas sean de lo más generosas? se les olvidan dos cosas. La primera, que la mayoría social del Archipiélago, la que mira con lupa lo que se gasta en gasolina y tiene que ahorrar mucho para poder viajar a la Península, suma los votos necesarios para condenarlos a la irrelevancia. Y, la segunda y más importante cuestión, por mucho que se empeñen, Canarias no es suya.