15.4.2019

Wladimiro RodríguezWladimiro Rodríguez Brito

 

La crisis del campo en Canarias tiene múltiples lecturas. El campo se vacía, tenemos una devaluación de lo rural, tanto en el plano económico como en lo cultural, no se ha producido una revaloración de lo rural, dignificación de lo local, de los productos locales, de los paisajes, de la singularidad, el folclore y la fiesta, no única para lo singular. Nos hemos quedado en las obras, en mejorar las comunicaciones, agua, luz..., temas importantes, pero, sin embargo, no hemos conseguido que las obras en los espacios rurales tengan prioridad para los que viven en el entorno de los espacios supuestamente protegidos. Entiendo, además, que frente a los urbanitas, los habitantes del medio rural han de tener, ante Hacienda, una menor carga fiscal, que permita hacer frente al aislamiento y favorezca la fijación en el territorio. La recuperación de la población en el medio rural es algo tan básico, tanto en lo social, población amontonada en pocos núcleos urbanos, mientras gran parte del territorio está infrautilizado, despoblado, agua, suelo, paisaje, paisana del campo sin campesinos y jóvenes sin trabajo en los núcleos urbanos.

Leamos un caso de Anaga: Del Batán a Chamorga, las lecturas, comparativas, siempre tienen dificultades; hemos de destacar que el Batán es de los núcleos más vivos de Anaga, mantiene una comunidad de vecinos organizada, cultivando un alto porcentaje de los terrenos: ñames, papas borrellas, viñas, frutales, etc. El Batán mantiene también un fuerte movimiento vecinal, un grupo musical, la parranda, cuevas del lino, además de que su proximidad a La Laguna y sus vínculos laborales han favorecido una mayor cohesión. Chamorga ha sufrido un mayor aislamiento, con una crisis del entorno, hoy agravado ante la descapitalización del entorno. No olvidemos que en Anaga apenas quedan jóvenes, con menos de cincuenta niños entre tres y doce años, y colegios que, gracias a la buena voluntad de los maestros y la Consejería de Educación, mantienen las puertas abiertas en Taganana, Igueste de San Andrés, Roque Negro y Carboneras. Esta es una situación que se reproduce en muchas zonas de La Palma, La Gomera, cumbres de Gran Canaria, y, en Tenerife, en zonas como el Noroeste, Icod, Teno o en el suroeste Agache (Vilaflor).

Efectos colaterales del despoblamiento: ampliación de los campos sin cultivo y consecuencia, espacios para la propagación del fuego en los veranos, crisis en el poblamiento, en los bancales, infraestructuras, caminos, red de riego, viviendas, paredes frutales, pérdida de una cultura de gestión del territorio: pastores, agricultores, pescadores, etc.

Ahora, Chamorga sufre la presión de animales asilvestrados que entran en conflicto con los agricultores y ganaderos. Según los últimos datos del Parque Rural de Anaga, tenemos más de 400 animales sueltos, sin pastor, creando problemas muy serios para la población local, bien sea ganadero o agricultor, sin que olvidemos los problemas en la naturaleza de la zona.

Entendemos que la gestión del territorio requiere población con actividades agrarias y ambientales. Hemos de poner recursos públicos en una gestión sostenible del medioambiente. Hay que armonizarlo con la población y los usos tradicionales y, para ello, hemos de mejorar la vida de los habitantes de Anaga. Agricultura, naturaleza y población son un todo. Tenemos que dignificar la cultura del territorio.

*Concejal de Barlovento (La Palma)

 

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