Las silenciadas víctimas de SPANAIR en el Parlamento

A la vista está y los hechos lo confirman: el sindicalismo como tal no ha podido superar aún su crisis organizativa especialmente evidenciada tras la singular ofensiva del sistema capitalista y sus agentes  para que las organizaciones de los trabajadores perdieran su brío y cohesión. Este hecho, no casualmente, aparece  acompañado de la implantación de un amplio número de medidas legislativas para multiplicar los beneficios empresariales mediante el extremo esfuerzo productivo de los trabajadores, la regresión en la calidad de empleo y la caída de salarios y de los derechos laborales. Pero también restringiendo la influencia social de los sindicatos con la exclusión de los legítimos representantes de los trabajadores en su importante papel institucional y en la negociación colectiva, hurtándoles así su esencial cometido social en  el apuntalamiento de las libertades y el progreso social. Como efecto colateral, ahí está la visualización de las crisis existentes en el seno de las organizaciones sindicales que,  de alguna u otra forma, tiene mucho que ver con la situación de desorientación que sufren sus estructuras orgánicas y los palos de ciego de sus dirigencias en una situación laboral y social inesperada y extremadamente lesiva y a la que estarían obligadas a dar ya una firme respuesta. No hacemos distingos en este análisis entre los sindicatos canarios y españoles, y aunque en la actual vorágine se recurra con frecuencia a aquella máxima cainista de “tu peor que yo”, urge una reflexión y una rápida reacción de cohesión y de recuperación de fuerzas ante el creciente empoderamiento empresarial y la acelerada desigualdad social que nos está llevando al mayor retroceso que se recuerda en los derechos del conjunto de la clase trabajadora, pero especialmente al de los asalariados pertenecientes a nuestra  Nación Canaria.   

8D7EB1A1 4CE9 4379 A3D5 C0ECFE8D0C9D